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Tiempo de lectura: 2 minutos

De repente se presenta una oportunidad, en medio de tantas cosas que han pasado. A fuerza de tanto pasar tanta vida, tanto vuelo, tanto viaje hacia lo desconocido, la vida se va haciendo un poco monótona.

Es sorprendente que algo así suceda. ¿Cómo sentir el tedio en medio de descubrimientos y exploraciones, constataciones inevitables y lecciones desagradables? Es que la vida es una refriega por existir con cierta legitimidad. Es la búsqueda incansable de una verdad más humana.

Finalmente, devienen rutina los amores asumidos y su desaparición en el mundo de Nunca Jamás, así como la costra de los juicios previos y la pedagogía del terror. Sucede la huida y el silencio correspondiente.

Si no estás alerta, las puertas se van cerrando

A medida que sucede la vida se van cerrando las opciones y los recursos se van haciendo escasos. Van quedando menos posibilidades y se pone uno como esos gatos viejos que ahorran energía evitando movimientos innecesarios.

En esa curiosa proporción inversa que es la existencia, el entendimiento crece a medida que las fuerzas disminuyen. La evidencia de la precariedad del cuerpo es más fuerte que los deseos —la mayor parte del tiempo al menos—. Pero de repente se presenta una oportunidad.

No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad.

Isaías 43:18-19 (RVR1960)

A causa de un giro inesperado en el orden predecible de las cosas, se abre una puerta. De repente, se presenta una oportunidad, la posibilidad de vivir una aventura extraordinaria que afortunadamente no requiere muchos créditos.

Regresan la risa perdida, las ocurrencias de pasillo y el gusto por el viaje. La pasión ha adquirido cierta sensibilidad, así que profundiza en lo importante y no se desgasta en la variedad. A diferencia de los años mozos, se comprende el valor de la oportunidad, por lo que en esos días irse a la cama temprano no es una lata sino una táctica inteligente.

Hay que estar atento a esa sorprendente oportunidad

Entonces, por algún tiempo, se relega al patio trasero esa vieja costumbre de la mirada plomiza y la conciencia de la levedad de la vida. Una brisa grata desplaza el encierro de las habitaciones y a veces incluso se sorprende uno tarareando una canción simpática en tono mayor.

Para usar una muy poco original frase de los jugadores de fútbol, es el momento para “salir a buscar el partido”. Pero hay que estar atento, oteando el horizonte y el flujo de los días. Porque de repente se presenta una oportunidad.


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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