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Tiempo de lectura: 2 minutos

Creo que nos podemos quedar extasiados ante la belleza de la creación. El esplendor de un atardecer o de un amanecer. Cada vez que tengo la oportunidad de ver uno, digo lo mismo. Nadie pinta como Dios. Es algo maravilloso y es un regalo que no tiene precio.

Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos.

Salmos 19:1 (RVR 1960).

Cuando vemos en Su creación, por ejemplo, los colores de algunas aves, de ciertos peces, de las flores. Qué maravilloso es nuestro Dios. Y pensar que el Creador de todo eso nos ama infinitamente, eso no tiene precio ni comparación.

Debemos mirarnos como esas maravillas. No tenemos los colores ni las plumas, pero somos Sus criaturas más amadas. De hecho, nos amó tanto que nos dejó saber de Su gran amor al hacerse hombre para servir como sacrificio por nuestras faltas.

Y visitamos museos, vamos a galerías y vemos colecciones de tantos artistas magníficos, que hacen creaciones extraordinarias. Pagan fortunas por esas creaciones magníficas y muchos se hacen de la fama luego de morir. Pero con todo y eso, nadie pinta como Dios.

Así como nos gusta pintar Su creación, debemos querer pintarnos más parecidos a Él

Acercarnos un poco más a lo que Él querría de nosotros. Que fuésemos más como Jesús debe ser nuestro objetivo. Así como tratamos de pintar atardeceres, amaneceres con los colores y los brillos que vemos, tratemos de ser un poco más como nos quiere pintar Dios.

Como Su creación más amada. Estamos en este mundo para aprender y tratar de elegir los caminos correctos. Somos una obra que está en progreso. Su idea es que lleguemos a ser la obra maestra que Él se imaginó, pero nos da el libre albedrío.

Necesitamos humildemente ponernos en oración cada día, pidiéndole que nos ayude a ver a todos con Sus ojos, nos permita escuchar a otros con Sus oídos, que nos haga sentir como siente Él cuando se presentan situaciones o personas con necesidades en nuestra vida.

Somos únicos

Cuando queramos jactarnos, cuando nos echen muchas flores diciendo que nos vemos muy bien, demos el crédito a nuestro Creador. Nadie pinta como Dios. Agradezcamos cada día, cada célula de nuestro cuerpo, cada instante que vivamos y las oportunidades que nos presente.

Es el Señor quien creó las estrellas, las Pléyades y el Orión. Él transforma la oscuridad en luz y el día en noche. Él levanta agua de los océanos y la vierte como lluvia sobre la tierra. ¡El Señor es su nombre!

Amós 5:8 (NTV).

Tener esa conciencia es importante. Somos una creación de nuestro Dios y cada uno tiene distintos colores, texturas, gustos y debemos aprender a vivir los unos con los otros, viendo esas cualidades en cada cual. Todos somos únicos, creados por un Ser Supremo en el que creemos y que nos ama como nadie y como nadie, nos pintó.


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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