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La madurez espiritual no se adquiere de un día para otro, sino algo que se trabaja con fe y constancia. Uno puede tener años de conocer a Cristo, pero nunca haber desarrollado su relación con Él; sin embargo, esto no debería ser así. Hebreos 5:11-14 (TLA) señalaCon el tiempo que llevan de haber creído en la buena noticia, ya deberían ser maestros. Sin embargo, todavía necesitan que se les expliquen las enseñanzas más sencillas acerca de Dios. Parecen niños pequeños, que no pueden comer alimentos sólidos, sino que sólo toman leche. Son como niños recién nacidos, que aún no pueden distinguir entre lo bueno y lo malo. En cambio, los que sí saben distinguir entre lo bueno y lo malo, y están acostumbrados a hacerlo, son como la gente adulta, que ya puede comer alimentos sólidos.”

Por otra parte, Efesios 4:14-15 señala que cuando uno es maduro espiritualmente, no se deja engañar con facilidad por las falsas doctrinas que puedan aparecer, Ya no seremos como niños, que ahora piensan una cosa y más tarde piensan otra, y que fácilmente son engañados por las falsas enseñanzas de gente astuta, que recurre a toda clase de trampas. Al contrario, el amor debe hacernos decir siempre la verdad, para que en todo lo que hagamos nos parezcamos cada vez más a Cristo, que es quien gobierna la iglesia.”

Es por ello que es importante examinar nuestra relación con Dios y corregir nuestros errores para continuar avanzando. Éstas son algunas señales que denotan inmadurez espiritual:

1. Quieres que Dios te hable, pero no oras, no lees tu Biblia y no vas a la iglesia.

2. Te desanimas fácilmente ante los problemas y esperas que tu vida esté libre de conflictos.

3. Tu fe depende de cuánto recibas de Dios; y si Dios no te da conforme a lo que quieres, reniegas de Él.

4. Abusas de la gracia de Dios. Pecas una y otra vez y confías en que recibirás perdón, pero no quieres dejar tu pecado.

5. Piensas que Dios está a tu disposición y debe darte todo lo que deseas.

6. Sigues a Dios por temor al infierno y no porque realmente lo amas.

7. Piensas que ir a la iglesia y ser “buena persona” es suficiente, pero no tienes una verdadera comunión con Dios.

8. No fomentas la unidad entre los creyentes. Eres el que causa división en la iglesia.

9. Haces las cosas cuando un líder u otra persona te mira. Tu trabajo se basa en cuánta alabanza recibas y no en cuánto ofreces a Dios.

10. Tus oraciones consisten en pedir, pedir y pedir, pero pocas veces agradeces y alabas a Dios.

11. No te interesa estudiar la Palabra de Dios a profundidad y te conformas con las enseñanzas básicas.

12. Te ofendes fácilmente. Sobre todo cuando eres reprendido por tu mal proceder, o cuando los demás no notan lo que haces.

13. Tu cristianismo está basado en la emoción del momento. Te gustan los eventos grandes, pero no desarrollas una relación personal con Dios en lo privado.

14. Dices confiar en Dios, pero cuando tienes alguna dificultad, tus acciones reflejan que tu fe está en las personas y no en Cristo.

15. No te gusta ayudar a los demás. Prefieres recibir, pero no dar.

16. Te pones una posición de juez de los demás y te justificas diciendo que “solo estás corrigiendo”.

17. Te cuesta amar a otros, pero te resulta fácil criticar.

18. Te resientes por cosas mínimas.

19. No compartes tu fe y pones excusas para no hacerlo.

20. Tienes talentos y habilidades, pero no los usas para exaltar a Dios.

21. Hablas por hablar y no cuidas tus palabras.

22. Eres cristiano solo en la iglesia, pero no cuando sales de ella. Tu comportamiento es diferente cuando estás en el trabajo, los estudios o en cualquier otro ámbito social.

23. Estás más preocupado por atesorar cosas en la Tierra, pero no en el cielo.

24. No te identificas como cristiano y/o te avergüenzas de tu fe por temor a ser ridiculizado o discriminado.

25. No reflejas el ejemplo ni carácter de Jesús.

 
 

Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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