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Tiempo de lectura: 3 minutos

Así como sucedió con Adán y Eva, la tentación siempre parece agradable, inofensiva y promete cumplir nuestros deseos sin tener que afrontar las consecuencias. Sin embargo, una vez que cedemos ante ella, nos damos cuenta de que todo aquello era una mentira. La tentación es la puerta que nos lleva a pecar y a alejarnos de Dios. Es por eso que en la Biblia se nos advierte que nos alejemos de ella. Estos son algunos consejos que podemos aplicar cuando enfrentamos la tentación.

Para resistir la tentación y dejar de pecar…

Aférrate de la Biblia y crece en tu relación con Dios

Yo te busco de todo corazón
y llevo tu palabra en mi pensamiento.
Manténme fiel a tus enseñanzas
para no pecar contra ti.

Salmos 119:10-11 (TLA)

La mejor forma de mantenernos alejados del pecado y la tentación es aferrándonos de las enseñanzas de la Biblia. Cuando tenemos a Dios presente en cada una de nuestras acciones.

Esto se debe a que nuestra reacción ante la tentación es el reflejo de nuestro corazón. Si en nuestro corazón albergamos egoísmo, cuando venga la tentación no pensaremos en otra cosa más que en satisfacer nuestras necesidades egoístas. En cambio, si Dios es quien gobierna nuestra vida, entonces rechazaremos la tentación con facilidad.

Evita los posibles escenarios

Muchos caen en la tentación porque ellos primero se tientan. Por ejemplo, si alguien sabe que su debilidad es la pornografía y comienza a visitar páginas web que sabe que le mostrarán algún anuncio sexual, está poniéndose en riesgo. Ponerse en una zona de riesgo para ver hasta dónde puede llegar no muestra cuán valiente es; al contrario, demuestra que, en el fondo, en realidad quiere ser tentado.

Se puede evitar caer en tentación si primero se previene. Cuando uno conoce en qué áreas flaquea, sabe qué debe evitar y cuándo tiene que alejarse. Huir de la tentación no es cobardía, es sabiduría.

…cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen. Luego, cuando el deseo ha concebido, engendra el pecado; y el pecado, una vez que ha sido consumado, da a luz la muerte.

Santiago 1:14-15 (NVI)

Mantenente ocupado

Está científicamente comprobado que las cosas en las que nos enfocamos determinan gran parte del rumbo de nuestra vida. Si dejamos que nuestra mente divague y no se enfoque en Dios, es muy probable que las tentaciones aparezcan y caigamos en ellas. Como seguidores de Jesús, debemos mantener nuestra mente ocupada en los asuntos espirituales. Así estaremos firmes en nuestra fe y no (Salmos 1:1-4).

El caso más conocido que prueba este punto es la historia de David y Betsabé que se encuentra en 2 Samuel 11. David, en lugar de estar con los soldados luchando, se quedó en su palacio sin hacer nada y allí fue donde vio a Betsabé. Él sucumbió a la tentación e incluso intentó encubrir el hecho al matar al esposo de Betsabé. La historia de David nos enseña a ocuparnos en las cosas de Dios y no dejar lugar para ser tentados.

Ora

Nuestra fuerza de voluntad puede agotarse. Por más que queramos, llegará un punto en el que estaremos más propensos a ceder ante la tentación. Es por este motivo que debemos mantenernos firmes en la oración.

Dios escucha cuando le hablamos y sabe cuándo prestarnos su ayuda. Él conoce nuestras debilidades y por eso es quien mejor puede protegernos de la tentación. Jesús mismo fue tentado (Lucas 4:1-13), pero Él supo rechazar al enemigo y salió victorioso de esa situación. Si Jesús entiende y sabe qué se siente al pasar por una circunstancia así; por lo tanto, Él comprende cuando oramos y le pedimos ayuda.

Oren para que no caigan en tentación.

Lucas 22:40 (NVI)

Ustedes deben orar así:
“Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre, […]
Y no nos dejes caer en tentación,
sino líbranos del maligno”.

Mateo 6:9, 13 (NVI)

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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