Crisis de Coronavirus

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En 2018, el autor argentino Santiago Kovadloff escribió “Locos de Dios. Huellas proféticas en el ideal de justicia” (Editorial Emecé).

Nos convoca esta cita que aparece en su libro:

El profeta es un asaltante de la mente. A menudo sus palabras comienzan a quemar donde termina la conciencia (…) Las cosas que horrorizaron a los profetas son, aun ahora, sucesos cotidianos en todo el mundo.

Los profetas. El hombre y su vocación, Abraham J, Heschel, citado en “Locos de Dios”

Kovadloff afirma que lo que ardía en el corazón de esos voceros era un imperativo desoído por la sociedad: la política debe estar sujeta a la ética. El decir, gobernar debe ser un acto de verdad, de justicia y honestidad.

Pero hoy, nadie parece estar más lejos de la conducta moral que los políticos. La política en sí no es juzgada; son sus representantes.

Locos de Dios que asaltan la mente

Es importante recordar a mi amable audiencia que la lectura debe abarcar a muchos autores y diversos temas. Citaré un par de ellos.

En su polémico libro “El Anticristo”, pésimamente entendido a causa de la brutalidad de sus conceptos, Friedrich Nietzsche afirma que una de las razones por las que mataron a Jesús fue porque el establishment religioso y el imperial, aparte de los ricos, lo consideraron un criminal político.

Esto fue así, porque su palabra desnudó la maldad del sistema. Y eso es extremadamente peligroso.

Umberto Eco solía decir que hoy el sinvergüenza, el corrupto sonríe a las cámaras cuando es llevado al tribunal: ha ganado fama. Incluso, algunos de ellos, con juicios en curso o con sentencia firme, ejercen cargos públicos o se postulan a ellos como si fueran invictos morales.

Eso, entre muchos otros locos de Dios. Podría citar a Yuval Noah Harari, Albert Camus, Eric Hobsbawn, Slavoj Zizek, Terry Eagleton, en fin.

Faltan locos de Dios pero no faltan causas

Ya casi no hay locos de Dios. Acomodación al espíritu de la época y tibieza son la marca del promedio. “Vive y deja vivir, no molestes”. Para molestar, entonces, les dejo una lista provisoria de las causas que justificarían más profetas, más denuncia, más  locos de Dios:

  • Acumulación inmisericorde de la más grande riqueza en el 1 % de la población mundial.
  • Dictaduras atroces, algunas enmascaradas como democracias, de izquierda y de derecha.
  • Trabajo esclavo infantil y adulto para grandes marcas mundiales en países pobres.
  • Esclavitud de niñas para “turistas” sexuales de países ricos.
  • Abandono casi absoluto del mundo rural y migraciones masivas a las ciudades.
  • Una cultura de hiperconsumismo y de codicia por más y más cosas.
  • Destrucción sistemática del bosque nativo, explotación inorgánica de materias primas y recursos naturales no renovables.
  • Destrucción progresiva del equilibrio climático y calentamiento global.
  • Una clase política de ladrones, corruptos, atornillados al poder, hipócritas e inmorales.

Alguien escribió una vez que el ideal político era máxima libertad y máxima igualdad. Hasta ahora, aunque se ha propuesto, nunca se ha ejecutado eficazmente, un proyecto político tan promisorio. Sólo queda la esperanza de ver más locos de Dios levantando el grito rebelde.


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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