Crisis de Coronavirus

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Este pensamiento de que pocos pueden cambiar el destino de muchos ha sido recurrente en la literatura. Hay alguna relación con la historia de David y Goliat y en la de Jonathan y su escudero. Es curioso que ambas historias sean protagonizadas por dos amigos de la vida.

Galadriel: ¿Por qué el mediano?

Gandalf: Eso no lo sé… Saruman piensa que sólo los grandes poderes pueden tener el mal controlado. Pero eso no es lo que he aprendido. Yo he encontrado que son las cosas pequeñas, los actos cotidianos, las personas ordinarias quienes alejan la maldad, los simples actos de gentileza y amor.

El Hobbit I – Un viaje inesperado

En este pasaje de la película mencionada, Galadriel quiere saber por qué Gandalf ha elegido a Bilbo Bolsón, un hobbit de La Comarca, un ser bastante improbable, para una misión de enormes proporciones. Pero la respuesta de Gandalf es todo un estudio sociológico, bastante oportuno en estos días.

Se suele decir: “A grandes males, grandes remedios”. Pero no parece ser esta la conclusión de Gandalf. ¿Por qué cree que en esta hora crucial no son los grandes poderes los que deben ser convocados?

Gandalf cree que pocos pueden cambiar el destino de muchos.

Lo pequeño puede ser lo nuevo grande

Esta imagen nos remite inevitablemente a otra: “No temáis, manada pequeña, porque a mi Padre ha placido daros el reino”. El contexto es oportuno. Jesús está enseñando a no depender de las cosas materiales sino de Dios. A estar preparados para el momento de los grandes acontecimientos. Es un llamado a creer que pocos pueden cambiar el destino de muchos.

Los grandes poderes confían en el poder del dinero, los recursos humanos y el poder militar.

La gente común no tiene estos recursos. Pero podría tener la fe en algo más grande que ellos. Y con esos pequeños actos de amor, en la gentileza, en la bondad que desplieguen en este mundo, podrían alejar la maldad imperante.

Pero, ¡qué lejos estamos de eso!

Confiamos en gobiernos, en las armas, en la prosperidad económica, en las propiedades, para asegurar algún tipo de bien.

La historia demuestra continuamente que poder y dinero se confabulan más frecuentemente para el mal que para ejercer el bien.

Entonces, sin duda alguna, es la hora de las cosas y de las personas pequeñas. La hora de los hobbits, diríamos en el contexto del epígrafe. Debemos atrevernos a pensar que pocos pueden cambiar el destino de muchos.

Es otro tiempo hoy

Es el momento de las pequeñas semillas sembradas en los movimientos sociales, en los trabajos, en las escuelas, en las universidades, en los medios de comunicación, en la calle. Hay que construir otra cultura para controlar el mal, para mejorar los días de todo y no sólo de los que poseen poder y dinero.

La política no va a cambiar nada. Hay que revolver todo desde abajo y crear un movimiento de indignados, no importa lo violentos que puedan ser. Los políticos y su “política” merecen una lección ejemplar.

Pocos pueden cambiar el destino de muchos.


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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